Search
  • Carlos Arroyo

Lowering the bar for joy.

Updated: Dec 25, 2021

Hace algún tiempo me encontré con una plática de Rob Bell titulada "An Introduction to Joy" y a pesar de que por momentos me pareció bastante cursi, me di cuenta de que el mensaje central realmente conecta con algo que pienso y observo continuamente, y que además valoro mucho.


Para empezar me gusta que Rob hecha mano de su experiencia como ex pastor de una iglesia evangélica cristiana y conecta la escencia de cierta enseñanza tomada de versículos bíblicos con nuestra experiencia del día a día. En buena medida, eso es lo que hace cualquier pastor, dirigente, padre, anciano, líder de cualquier grupo religioso: traer enseñanzas antiguas y aplicarlas al mundo actual. Sin embargo, ese tipo de discursos suelen ser dificiles de soportar, porque muchas veces son totalmente anacrónicos, dogmáticos, forzados, artificiales. Lo que me llamó la atención de éste en particular, es que Rob Bell intenta de muchas formas no caer en esas trampas comunes del discurso religioso, o incluso ex-religioso.


"An Introduction to Joy" comienza recordándonos que, independientemente de nuestras creencias religiosas o falta de las mismas, la realidad es que la vida es efímera, en algún momento todas las personas que conocemos morirán, en otro momento nosotros moriremos, nadie nos recordará y practicamente nada de lo que hagamos tendrá un impacto realmente duradero. Éste es un pensamiento bastante triste y deprimente. Pero el giro que le da Rob es que por esa misma razón deberíamos aprender a disfrutar esta vida que tenemos.


Ese argumento no es nada nuevo, revolucionario ni particularmente perspicaz, para ser honestos. Cualquier calcomanía inspiracional o papelito de una galleta de la suerte podría decir algo similar. Pero una cosa es leerlo, que te lo digan y otra es adoptarlo como una forma de vida. Y para ello hay herramientas que nos permiten incluir y añadirle a nuestros días ese elemento del disfrute. Una de esas herramientas es bajar la barrera del disfrute.


Bajar la barrera del disfrute es como estoy traduciendo la frase "lowering the bar for joy". Y básicamente se trata de aprender a adoptar una actitud de sorpresa genuina por la oportunidad de seguir viviendo, de seguir sintiendo, de seguir pensando. Y aunque Rob Bell lo asemeja a la sorpresa infantil, a mi me gustaría compararlo a la sorpresa perruna.


Todos los días salgo con mi perrita Javiera a caminar, y sin importar si se trata de una caminata corta o larga, algo que siempre disfruto ver es cómo se emociona ella de encontrarse una ramita de arbol o de arbustos en el camino. La ve y no lo puede creer. La agarra con su hocico y la carga buena parte del recorrido, levantándola, soltándola y volviéndola a agarrar. A veces voltea a verme como diciendo: "¡Mira lo que encontré! ¡¿Lo puedes creer?!" Y para mí, ésa es la personificación de bajar la barrera del disfrute. ¿Quién fuera Javiera para alegrarse a ese grado por encontrar una ramita?


Rob Bell cita del libro de Eclesiastés y elabora todo su discurso alrededor de la idea de que "todo es vanidad" y de cómo la búsqueda del significado y de la trascendencia pueden ser una exploración sin frutos. Y aunque una buena parte de mi se resiste a esta idea y empuja en la dirección opuesta, considero importante ser concientes de que la vida sí es como una flama de una vela, sujeta a apagarse a veces con el más mínimo soplido.


¿Qué nos queda?


Rob Bell argumenta que lo que nos queda es maravillarnos de las experiencias extraordinarias que nos rodean casi en todo momento. Porque lo cierto es que no tienen que ser sucesos fantásticos ni excepcionales lo que nos haga abrir los ojos y nos haga sentir admiración o asombro. A veces una ramita es todo lo que necesitamos si nos lo permitimos. Y ramitas hay tiradas por todos lados.