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  • Carlos Arroyo

La diversidad lingüística y los derechos que la acompañan.

Ayer terminé de leer el libro "Aä: manifiestos sobre la diversidad lingüística", el cual es una compilación de ensayos escritos por Yásnaya Elena Aguilar. Además de haberlo disfrutado muchísimo por su estilo y agudeza, ha sido una de las lecturas más iluminadoras en los últimos meses.



Un libro como éste merece ser leído con calma. Vale la pena tomarse el tiempo para leer uno o dos ensayos y cerrar el libro, digerirlos bien, hacer anotaciones, reflexionar en cómo hemos visto y experimentado lo que dicen sus páginas. Eso fue precisamente lo que hice, por eso me tomó bastante tiempo terminarlo, y a continuación comparto 3 de las ideas que más me gustaron y me impactaron.


"Del encuentro con los otros nace un profundo conocimiento de uno mismo."

Siempre me ha gustado cómo el contraste puede ser una herramienta de autodescubrimiento muy poderosa, si se usa correctamente. Más allá de revelar las diferencias que nos distinguen y separan, el contraste puede revelarnos a nosotros mismos. Todos llegamos a ese momento en la vida en el que nos damos cuenta que hay un "otro" y que nosotros somos también un "otro" para alguien más. Cómo navegamos las diferencias determinará en gran medida cómo nos relacionaremos con el mundo y con nosotros mismos.


Los ensayos de Yásnaya giran en torno a - como lo dice el título del libro - la diversidad lingüística y los derechos que la acompañan. Y de la confrontación histórica de las lenguas originarias mexicanas con el español se pueden aprender lecciones impactantes. La historia de cómo Yásnaya supo que ser multilingüe en ciertos contextos era algo bueno, y en otros no, me pareció muy conmovedora, porque fue en ese encontronazo con lo distinto que se despertó el deseo por conocerse mejor, y por entender por qué el mundo trataba como algo raro lo que para ella era lo natural: su lengua materna.


"Desde el movimeinto de reivindicación, la resistencia de los pueblos indígenas es algo de lo que estamos orgullosos, pero es algo indeseable. Resistir implica la existencia de una agresión, resistir desgasta: estamos orgullosos de los quinientos años de resistencia, pero lo ideal es que viviéramos en un país en el que no hubiera motivos para resistir y ese país es el que nos interesa construir."

Otra cosa que me iluminó mucho este libro fue la relación que hay entre el orgullo y la resistencia. Yásnaya hace la distinción entre estar orgullosos por hablar la lengua materna y simplemente ser capaces de disfrutarla, sin que sea realmente una bandera qué izar y defender. La autora cuenta una anécdota sobre cuando le preguntó a una amiga japonesa si se sentía orgullosa de hablar japonés. La amiga contestó que se sentía contenta de hablarlo, pero que el orgullo por su lengua no era algo necesariamente algo que tuviera un papel en su vida.


Aquí entra el fascinante debate alrededor de las lenguas minoritarias y las lenguas minorizadas y el cómo una lengua minorizada (hecha menos, sometida) como todas las lenguas originarias de México se ven en la urgente necesidad de resistir, de luchar, y de defenderse orgullosas. Pero esto no es algo deseable. Por más que se esté orgulloso de hablar y defender una lengua, "resistir implica la existencia de una agresión", nos recuerda Yásnaya. Y eso es lo que ha habido en contra de los derechos lingüísticos de los pueblos originarios durante más de 500 años en este país. Me avergüenza bastante lo ciego que estaba al respecto, la poca atención que le había puesto a esta realidad en mi contexto más cercano. Siempre he estado muy ocupado navegando el multilingüísmo pero en su mayoría viendo hacia afuera, interesado en el japonés, el francés, el alemán, el portugués. Es momento de voltear hacia el vasto universo lingüístico local.


"El papel de la población hispanohablante es fundamental para revertir, en cierta medida, los efectos de las castellanización forzada, de la discriminación institucional hacia esas lenguas. Puedes hacer mucho por ayudar a que la violación de los derechos lingüísticos cese y por consecuencia que la diversidad lingüística tenga una oportunidad de conservarse."

Aprendí mucho acerca del concepto de los derechos lingüísticos en este libro, y cómo se relacionan con el acceso a la justicia, a la educación, al cuidado médico y demás aspectos de la vida en sociedad. El no hablar una lengua indígena no signfica que no tengamos o que no debamos interesarnos en los derechos lingüísticos. Por eso escribo este ensayo. Por eso es importante leer este libro y acercarnos más a estos temas que están más cerca de nosotros de lo que creemos.


Yásnaya al final del libro propone una serie de cosas sencillas que podemos hacer como hispanohablantes para promover, defender, visibilizar y difundir la causa de las lenguas originarias. No es tan complicado, y lo que es más: es interesantísimo. La autora habla también sobre la importancia de desarrollar una conciencia lingüística, puesto que "aprender otra lengua es una manera de otorgarle a la mente el don de la ubicuidad lingüística. Es un proceso placentero en el que las masas de sonido que son en principo una lengua que no entedemos, se transforman en un edificio de sentidos y significados que podemos transitar, decorar y amueblar hasta poder habitarlo cómodamente. Aprender muchas lenguas es construírle múltiples hogares al pensamiento."


Uno de los últimos párrafos del libro nos invita a aprender a decir "Buenos días" en zoque, "hasta luego" en purépecha; "Bésame" en mixe; una canción en náhuatl; un trabalenguas en zapoteco, contar del 1 -10 en cora, a decir "luna" en tepehua. Lo tomé la palabra y aquí se los dejo para que se lo aprendan también si gustan.


Buenos días en zoque: Määy (por confirmar)

Hasta luego en purépecha: Tatsekua menderhu

Bésame en mixe: Tsu'kxëk ejts

Canción en náhuatl: Déjame, Rockercoatl

Trabalenguas en zapoteco: Instituto Lingüístico de Verano

1 - 10 en cora: Canal de Youtube del INALI

Luna en tepehua: Malkuyú


Pueden comprar el libro de Yásnaya en este link: Editorial Almadía.