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  • Carlos Arroyo

Nunca cambies.

Updated: Nov 17, 2020


Un resultado interesante de la lejanía impuesta por la pandemia ha sido que se han creado más grupos de Whatsapp entre mis amistades, particularmente aquellas que hace décadas no nos vemos ni platicamos. No me lo explico muy bien, pero debe ser una especie de recurso desesperado por reconectar con partes de nuestra infancia. Y ha sido una experiencia interesante platicar brevemente y por escrito con personas con las que han pasado 15, 20 años de habernos visto por última vez, en la primaria o secundaria.


Lo que causa más impresión de estar - de repente - en contacto de nuevo con muy viejas amistades es que uno no sabe muy bien con quién está hablando. Se tiene una imagen vaga y un recuerdo borroso de quién era esa persona y sería ingenuo (si no irresponsable) suponer que es la misma persona en la actualidad sólo que ahora con hijos, esposo, deudas, y preocupaciones. Hablar con una persona con quien se compartió un periodo de la vida muy anterior es básicamente reconectar con un extraño a quien creemos conocer.


Otra cosa que asalta al empezar a reconectar con amigos de la escuela es una gran cantidad de recuerdos: ¿te acuerdas de Johnny, el señor de la tiendita de la entrada, con sus grandes músculos? ¿Te acuerdas de Miss Lupita, Miss Lety, Miss Maghis? ¿Te acuerdas de doña Conchita, la que tocaba la campana para indicar los recreos y la hora de entrada y de salida?


Ahora bien, algo que ya no sé si sea muy común hacer, es enviar cartas escritas a mano a los compañeros de clase. Siento que tal vez ahora las juventudes digitales se envían Snaps, Stories y Tik Toks nada más. Pero algo que no podía faltar en los mensajes que intercambiábamos entre pequeñas personas de 8 o 12 años era la frase que títula este post: TQM. Nunca cambies.


La ingenuidad de ese deseo entre amigos de infancia corresponde perfectamente a la inocencia de esa edad. Existe una profunda ironía en decirle a alguien de esa edad que nunca cambie, ya que posiblemente no haya un grupo de personas que más vaya a cambiar en absolutamente todo que alguien que tiene 10 años. Por supuesto, a esa edad no lo vemos así, ni lo sospechamos. No tenemos la más mínima idea del golpe de vida que se avecina en los años próximos y que nos hará modificar, evolucionar y construir nuestra identidad como personas.


Me pregunto si hay algo en cada uno de nosotros que aún sobrevive de cuando éramos pequeños. Tal vez algún rasgo de nuestra personalidad - que nació de la interacción con esos amigos y que impulsó a alguien a decirnos que nunca cambiemos - aún permanezca. Se antoja difícil hacer un rastreo tan atrás en el tiempo, una especie de arqueología de la personalidad. Lo cierto es que esas primeras amistades, enemistades, gustos y disgustos, aprendizajes y vergüenzas de la primaria y demás años formativos pusieron las bases para la construcción de alguien completamente diferente. Ése que hoy somos. Ése que siempre sí cambió. Y qué bueno.