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  • Carlos Arroyo

La mano de Dios.

Uno de los conceptos con los que más conflicto tuve cuando me consideraba una persona religiosa es el de "la mano de Dios". No, no estoy hablando de la final Argentina - Inglaterra del Mundial México 86, claro está. Maradona aparte, a lo que me refiero es a esta idea de que Dios protege, o guía, o salva, o defiende a sus siervos.


Lo que llama la atención de esta creencia es lo selectiva que es, lo conveniente que parece ser para los propósitos de los involucrados. En otro escrito hice referencia un poco a los sesgos cognitivos, y vaya que este concepto de la mano de Dios incurre en todo tipo de sesgos: de selección, de confirmación, de disonancia, entre otros. Y aunque quiero pensar que la naturaleza selectiva de esta creencia es más que evidente, cuando uno está dentro de cualquier denominación religiosa que considera ser la única religión verdadera, uno no puede más que creer que la mano de Dios nos está protegiendo, guiando o defendiendo. Porque, si Dios no protege a los suyos, ¿cuál es el punto?


Éste ha sido uno de los problemas filosófico - teológicos más viejos de la historia: ¿por qué existe la maldad? Y tal vez más precisamente, ¿por qué le pasan cosas malas a la gente buena? La Biblia incluso propone su versión de este dilema:


Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honra; mas los que frecuentaban el lugar santo fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad. Eclesiastés 8:10

Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos. Eclesiastés 9:11

El libro de Eclesiastés es uno de los que más me llaman la atención en la Bliblia. En ocasiones se lee una profunda sinceridad entre sus líneas, adornadas con pesimismo. De ahí viene el famoso: "todo es vanidad y no hay nada nuevo bajo el sol". Y si esto es cierto, que la vida es injusta y que nadie (ni los justos, ni los buenos, ni los sabios) tienen garantizado un resultado esperado, ¿qué sentido tiene creer que la mano de Dios protege y guía?


Ahí es donde entra el asunto del sesgo de selección y de disonancia: cuando las cosas nos salen bien o no salimos perjudicados: la mano de Dios protege. Cuando las cosas salen mal o somos víctimas de alguna maldad: "el tiempo y ocasión acontecen a todos". Aunque es cierto que a nivel intelectual varias cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo, creer que dos cosas contradictorias son verdad simultáneamente es la marca registrada del pensamiento religioso, en especial aquél que es mucho más literalista y no tan mágico.



Esta reflexión clavada y un poco densa surgió después de haber leído en Facebook hace unos años una publicación de una chica que le agradecía a Dios por protegerla, porque justo la mañana que no sintió ganas de salir a correr por su vecindario, supo que atacaron y violaron a otra chica que estaba corriendo por ahí, a la misma hora y lugar por donde ella normalmente estaría de haber salido. Agradecía particularmente que la mano de Dios la detuvo de salir esa mañana. No había mención de la víctima que sí fue violada. Obviamente, la pregunta obligada aquí es: ¿si Dios pudo detener a alguien para que no saliera de su casa, no hubiera podido evitar que la otra chica fuera violada? ¿Tuvo algo que ver Dios en todo esto? ¿Pudo haber hecho algo pero no intervino, o intervino sólo parcialmente?


Hay muchas cosas que me fascinan del pensamiento religioso porque considero que reflejan muy bien quiénes somos, qué deseamos, qué nos preocupa como especie humana. Pero también estoy lleno de preguntas y cuestionamientos particularmente de las interpretaciones literalistas, y la mano de Dios es sólo una de tantas.