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  • Carlos Arroyo

Conciencia del azar.

¿Cómo llegamos aquí?


Es la pregunta que a menudo hacemos cuando las cosas toman un giro inesperado. Puede tratarse de una conversación, pero también de una amistad, un viaje, una relación. Suele ser genuinamente desconcertante cómo en ocasiones terminamos en lugares muy distintos de dónde creíamos que íbamos.


Es común pensar que las cosas deben seguir una progresión lógica. Somos criaturas que buscamos, identificamos y nos guiamos por patrones. Sabemos que hay un rango de posibilidades y consecuencias de nuestras decisiones y acciones. Pero de vez en cuando (de hecho, mucho más seguido de lo que creemos) las cosas se salen del espectro de la expectativa. Y la pregunta se vuelve pertinente y obligatoria: ¿cómo llegamos aquí, a esto?


Cabe aclarar lo obvio: no todo lo que se sale del espectro de lo anticipado es malo. Al contrario, muchas veces el mero hecho de que algo inesperado suceda es la recompensa en sí misma. Este volado en los potenciales resultados de nuestras acciones y planes me parece fascinante por la siguiente razón:


Todos tenemos identificados momentos en nuestra vida en los que fracciones de segundo definieron lo que terminó sucediendo. Las cosas habrían sido completamente distintas en algún aspecto de nuestra vida si no hubiera sido por ____________.


A veces esas cosas son pequeñas, como encontrar un lugar interesante dónde cenar. A veces esas cosas son gigantes, como de quién te enamoras. Este último es un buen ejemplo, las apps para conocer gente son cada vez más utilizadas y un "swipe right" es todo lo que pudiera cambiar el destino de dos vidas.


La serendipia, el azar de la vida no deja de asombrarme. Por esta razón sería miope creer que uno está donde está única y exclusivamente por sus propios méritos, por su excelente toma de decisiones. Nadie se construye solo, y lo que no decidimos, lo que no nos pasó, lo que no hicimos y lo que no nos hicieron también nos define. La conciencia de este hecho nos vuelve más comprensivos y compasivos con otros y con nosotros mismos.


Alguna vez alguien me explicaba cómo la música son las notas que escuchamos pero sobre todo el espacio entre las notas, los silencios. Hay cierta magia en navegar ese espacio negativo en nuestras vidas, ese espacio que hay entre los sucesos que nos conforman. Vale la pena apreciar lo que el azar ha construido y desde ahí actuar, tomar el siguiente paso que muy seguramente nos llevará a hacernos la pregunta con la que inicia este texto.